Iratxe Molinuevo

Soy Iratxe Molinuevo

Sobre mí.

Orientar es mi pasión

Te invito a conocerme.

Muchos años antes de que mi sobrino le pusiera nombre a Orientalore, ya había aprendido a sobrevivir y sonreír. Ya
había recorrido historias y tierras diferentes: Zaragoza, Valencia, Granada, Pamplona, Barcelona…

Conocimos tanto que la urgencia de responder no sólo me llevó a la acción del día a día sino que aquel grito se quedó conmigo y decidí dedicarme a él.

Iratxe Molinuevo

Los recorro nada más empezar la mañana y me hacen sentir especial, viva, diferente,

Todos tenemos un lugar en la infancia. Unos paseos que recorremos una y otra vez llenos de magia y encuentro.

Yo fui niña de pueblo en vacaciones

El personaje y la figura de Orientalore que está hoy ayudando a niños y sus familias abrió los ojos desde mis ojos, desde una niña muy pequeña que aprendía de los cuentos, poesías y fábulas de su aitite (abuelo) , de la huerta, de los paseos por el campo con una rica merienda en la mochila, de los flanes al horno de leña de mi amama (abuela), de las fotos antiguas y cajas de recuerdos, de las tormentas, de la crema nivea y las ropas de campo. Y sigo llevando esa niña en mí.

Una historia que no paraba de leer

Mi aita me regaló mis primeros libros por las buenas notas, por mi esfuerzo y para celebrarlo juntos. Y contaban una historia que no paraba de leer y leer,  con unos elementos tan reales y humanos que me atrapaban, me estiraban, me inspiraban para meditar, reflexionar, cambiar y mejorar tal y como hoy lo hace Orientalore y sus amigos animales con los niños que se asoman a conocer y experimentar su
Mundo Imaginario.

“Ni, hala ere, su berbera naiz”

Sólo me llevaré una frase, dentro de mi. Me llevaré conmigo la historia del fuego y dos páginas abiertas con una imagen de una casa ardiendo a la izquierda y otro imagen de un cohete saliendo hacia la luna entre aplausos a la derecha. En la mitad de las dos, una frase: “Batzutan txalotzen naute, bestetan itzaltzen naute; ni, hala ere, su berbera naiz” .Sin esa frase mi valentía los años siguientes se hubiese quedado en brasas, ceniza. Yo me identifiqué aquí.

ORIENTALORE

Muchos años atrás ya había aprendido a sobrevivir y sonreír. Orientalore antes de que mi sobrino la pusiera ese nombre, ya había recorrido historias y tierras diferentes. Ella aún sin nacer y yo creciendo y mejorando vivimos en Zaragoza, en Valencia, en Granada, en Pamplona, en Barcelona. Conocimos Córdoba, Soria, Madrid, Galicia, Málaga, Almeria, Huelva, Sevilla, Gerona... y sus gentes, sus casas, sus barrios, sus colegios también de educación especial, de integración, asociaciones, plataformas educativas distintas, y muchos y buenos amigos y amigas. Especialmente ví su infancia, la más herida, repartida y real por los diferentes lugares. Conocimos tanto que la urgencia de responder no sólo me llevó a la acción del día a día sino que aquel grito se quedó conmigo y decidí dedicarme a él, eligiendo esas primeras edades y centrar ahí mi trabajo, mi vida que se expresa así.